Liderazgo y Juventud


Mucho se ha dicho y escrito sobre el liderazgo. Que si  los líderes nacen o se hacen?, que si el liderazgo es seguir o ser seguido? Que si un buen líder debe ser pasional o ecuánime? Se escudriña sin parar en las principales características  que debe tener un líder exitoso, para luego intentar desgranar cuál de esas características es indispensable para ser reconocido como líder y de cual de ellas se puede prescindir.

La ausencia de líderes es quizás una de las situaciones mas vitoreadas en nuestra época. Las generaciones anteriores se quejan de que la nuestra no cuenta con líderes sociales, no cuentan con líderes políticos nos dicen, no hay liderazgo en las organizaciones, no hay liderazgo comunitario. Se nos dice que hay ausencia de liderazgo y esto nos provoca estupor por las implicaciones que acarrea para la sociedad, entiéndase estudiantes rebaño, ciudadanos apáticos, profesionales inmersos en una abulia permanente y lo que es peor políticos y dirigentes, que sin ser líderes, sino estadistas y en ocasiones ni eso, rigen nuestros destinos a diario.

La polémica de los teóricos, gurús o lideres del liderazgo (disculpando la necesaria redundancia), no ha dado tregua en los últimos años, dando pie a una emergente cultura de formación y promoción de líderes. Se intenta formar líderes como si de producir latas de leche se tratara. De hecho, toda una economía gira en torno a esta idea. Desde aquellos colegios que sustentan su proyecto educativo en la formación de cualidades deseables que al ser seguidas en teoría garantizaran un joven líder por excelencia, pasando por universidades cuyo slogan apunta a formar profesionales líderes en sus áreas, sin mencionar las miles de publicaciones relacionadas con este tema que parece estar hoy mas que nunca en la boca de todos.

Las empresas privadas, las administraciones públicas, las organizaciones no gubernamentales, los gremios y en general toda organización formal y/o informal busca ser líder en su área y para ello requiere en primera instancia contar con el personal, ya no simplemente capacitado, sino capaz de decidir, guiar, inspirar y promover transformaciones e innovaciones a lo interno de sus estructuras, en pocas palabras buscan líderes en sus filas.

Ante este escenario, al elucubrar sobre liderazgo y juventud, me vienen a la mente algunas preguntas sobre las cuales poco se ha reparado, como por ejemplo, desde cuando inicia la formación de un líder? cual es “ese”  detonante  que desencadena la necesidad de orientar, guiar y promover cambios por parte de un individuo en su entorno? existe edad para ser líder y será posible hablar de un tipo de liderazgo anónimo? o es condición sine qua non del líder el ser conocido y reconocido como tal por grupos ajenos a los que lidera.

En este sentido estoy convencida más por experiencia propia que por los múltiples libros de liderazgo que he leído, que existe una chispa adecuada, un momentum que inspira a un niño o joven a iniciar su trayectoria como líder (del carácter que sea). El detonante puede estar en el ejemplo de un ser querido, en las palabras inspiradoras de un maestro o en el choque entre la realidad adultocentrista y el ímpetu juvenil, que genera en el joven sin saberlo una reacción en cadena sobre lo que percibe del mundo y lo que requiere y desea de él.

Ciertamente, puedo concluir sin temor a equivocarme que no existe edad para el liderazgo, ya que el mismo requiere un toque significativo de ímpetu y qué mayor ímpetu del que existe o puede existir en la juventud. Un ímpetu que sin catastrarlo, requiere las condiciones apropiadas para ser encausado.

En mi trayectoria como líder juvenil y miembro fundadora de una de las instancias de participación social juvenil más influyentes en el desarrollo de los jóvenes en Panamá    ( Consejo Nacional de la Juventud), pude constatar entre muchas realidades, que pese a la avidez de participación que tenían los jóvenes de construir, concertar, dirigir e integrar procesos participativos reales,  en muchas ocasiones nos vimos inmersos en una maraña de dobles agendas e intereses políticos que en diversos momentos retardaron y desvirtuaron la esencia de “nuestros” procesos juveniles.

Lo anterior implicó la necesidad de curtirnos como líderes, aprender a manejarnos en el contexto de intereses políticos y adultocentristas, que pese a criticar, provenían de aquellos encargados de avalar y asegurar la pervivencia de “nuestro proyecto” de juventud.

Los libros de liderazgo, pese a contribuir a fijar conceptos, jamás podrán sustituir la experiencia y aprendizaje que en la gran mayoría de nosotros motivó el proyecto del Consejo Nacional de la Juventud, que aún sigue en construcción.

Ahora bien, a dónde deseo llegar con todo esto? pues simple, en una sociedad donde todo parece estar dicho, pero aún falta mucho por hacer, se necesita de líderes dispuestos a asumir retos e impulsar cambios positivos a todos los niveles posibles y para eso necesitamos infraestructuras y políticas de estado, realizables y medibles.

Ya no basta con convocar, aunque en ocasiones se registren resultados destacables de dichas convocatorias. Lo que se necesita es agarrar el toro por los cuernos y empoderar a la juventud o por lo menos no limitar su empoderamiento. Y para eso hace falta voluntad política y visión. Voluntad de hacer las cosas no por un partido, sino por un país y visión para reconocer que relegando a los jóvenes, probablemente estemos hipotecando a nuestra patria, al no permitir desarrollar habilidades de liderazgo sobre quienes recaerá la función de impulsar o estancar este país.

La Declaración de La Antigua Guatemala, reconoce como una tarea pendiente de los gobiernos de cada país el reconocimiento a las juventudes organizadas como interlocutores en el diseño, implementación y control de las acciones; mejorando la calidad de vida de las personas jóvenes y siendo co-gestores de una política efectiva de juventud.

En nuestro país, una a una se desarrollan iniciativas para instar al cambio a través del ejercicio del liderazgo a nivel de la juventud, sin embargo aún no se fortalece “la institucionalidad” de la juventud panameña.

Se esta pendiente a la ratificación por parte de nuestro país de la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, como instrumento jurídico internacional que reconoce a los jóvenes como sujetos y titulares de derecho.

En una sociedad constantemente problematizada y sobretodo en una sociedad que problematiza a la juventud, en dónde todo parece ser un problema con los jóvenes, se necesita fomentar cualidades y habilidades de liderazgo.

Aún requerimos elevar el tema de juventud a tema de Estado, como hace 10 años atrás en que miles de jóvenes participamos en foros, encuentros, cabildos y todo tipo de experiencias de dicha naturaleza. Seguimos aspirando a ver convertido en realidad el Consejo de Políticas Públicas de Juventud, lo que nos permitirá participar de manera efectiva en la elaboración de nuestras políticas. Aspiramos y hemos trabajado por ver los frutos de un trabajo iniciado hace más de una década y ya deseamos resultados más concretos, de un liderazgo ganado a fuerza de anonimato.

Si bien es cierto que los principios, valores y dotes de liderazgo se aprenden en el hogar, no es menos cierto tampoco que hay experiencias que nos marcan y edifican. Entendiendo por edificar, construir en torno a algo. 

Necesitamos edificar en torno a nuestros jóvenes, necesitamos visibilizar a nuestros verdaderos líderes (no solo los políticos), necesitamos ver que el Problema no es problema, sino más bien una oportunidad de solución (oportunidad de aportar al desarrollo de nuestro país) y que en esa oportunidad de solución, los jóvenes tenemos mucho que decir y mucho más por hacer.

Definitivamente la clave del progreso es edificar en torno a nuestros jóvenes y para ello debemos mancomunar esfuerzos a nivel del ámbito privado (empresas, universidades , etc.) y a través del ámbito público, apostando por individuos líderes y no individuos rebaño.

La clave del progreso desde la perspectiva de la juventud es pasar de la invisibilidad al protagonismo por medio del liderazgo propositivo y en este sentido el reto para el joven es lograrlo y para el Estado permitirlo e impulsarlo.


La autora fue merecedora del Premio Jóvenes Sobresalientes de Panamá en la categoría Liderazgo y Logros Académicos.







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