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jueves, 18 de marzo de 2010

Hacia una capacitación continua de los funcionarios públicos para el mejoramiento del servicio público





Hemos insistido muchísimo mediante artículos publicados en nuestro blog, en la necesidad de mejorar la calidad de los servicios públicos y la atención que reciben los ciudadanos por parte de los funcionarios públicos en ejercicio de sus funciones.

La razón de ser de lo anterior descansa en el hecho de que mal podríamos hablar de progreso, desarrollo, mejora de la calidad de vida de los asociados e inversiones si contamos con un modelo arcaico y desfasado de gestión publica.

Mas allá de un asunto semántico, un juego de palabras o simple moda académica, no en vano a nivel internacional se ha dado paso al concepto de gestión pública, para identificar con el un sinnúmero de cambios que a nivel de las administraciones públicas vienen suscitándose hace ya varios años.

Seguramente la gran mayoría esta de acuerdo en que se requieren cambios de forma y fondo en cuanto a la administración de la cosa pública, cambios que hablan de la necesidad de orientar las políticas y acciones públicas al ciudadano, así como a la satisfacción de sus necesidades y la prestación de servicios públicos de calidad, ya no solo teniendo en cuenta la base legal de tal cometido, sino también ampliando el criterio a aspectos por años relegados al sector privado, como por ejemplo eficiencia, eficacia y calidad en la prestación de dichos servicios.

Lo anterior por inferencia lógica, implica un cambio de paradigma a nivel de nuestras instituciones. Conlleva además, una acción inmediata y decidida a todos los niveles. Un compromiso por parte de los actores sociales involucrados y claro está, por parte de quienes enfrentan las contingencias propias del ejercicio de la función pública (limitaciones presupuestarias, decisiones jerárquicas inconsultas y politización del quehacer público por encima de su profesionalización), entiéndase el funcionario que recibe el documento en ventanilla, el que brinda la opinión legal, califica un documento, desarrolla la política de gestión de un departamento y participa en cualquiera de las labores de ejecución de una organización pública.

Ahora bien, atañe definir entonces la metodología a implementar para llevar a cabo el tan mencionado cambio de paradigma.

Sobre este particular debemos estar claros en que no existen formulas mágicas, ya que las prácticas que pudieron generar un cambio cambio de paradigma en Chile, Argentina o Perú, por mencionar de manera aleatoria algunos países, es probable que no necesariamente generen el mismo resultado en nuestro medio, ya que la idiosincrasia, cultura organizativa, valores institucionales y realidad en general, cambian de un país a otro con impresionante contraste, pero puede que constituyan puntos de referencia dignos de ser valorados.

Sin embargo, más allá de las buenas prácticas y la utilización del benchmarking como estrategia de mejora de las capacidades institucionales, debemos destacar quizás aquello que constituye o ha constituido la constante o denominador común en este cambio de paradigma: La capacitación y profesionalización de los funcionarios públicos.

Las políticas de capacitación y formación de los funcionarios han representado la piedra angular en la modernización y proceso de cambios a nivel internacional y no puede ni debe ser la diferencia en nuestro país.

La calidad en el servicio público, se alcanza entre otras formas mediante la vía de la educación, no queriendo decir con esto, que no exista una gran cantidad de funcionarios profesionales, con elevados estándares académicos, así como habilidades y competencias destacables y con excelente visión de servicio y compromiso, porque los hay, pese a la poca valoración que hace el sistema de ellos, pero de lo que hablamos aquí, no es de un acto antojadizo, eventual y desorganizado de formar y capacitar , por el contrario hacemos referencia a un plan de formación continua que forme parte de una estrategia permanente a corto, mediano y largo plazo, en el que distintos sectores de la sociedad civil participen de manera concertada.

Además de las instancias públicas llamadas a capacitar y formar a sus funcionarios, sin lugar a dudas los gremios y las universidades tienen un rol importantísimo en este proceso de cambio de paradigma através de la formación y capacitación.

Este artículo va encaminado precisamente a calar en las autoridades encargadas de la educación superior y en aquellas fundaciones, asociaciones, empresas de capacitación y otras relacionadas, para elevar el tema de la formación de nuestros funcionarios a un tema de prioridad social.

Es imprescindible  que la oferta académica se amplíe y contemple áreas tal vez menos comerciales, pero que a la larga estoy convencida redundarán en el beneficio de quienes son la cara de nuestro país ante inversores y empresas internacionales, es decir nuestros funcionarios públicos.

Existe una buena disposición por parte de profesionales jóvenes que nos hemos especializado en el extranjero para trabajar en la reingeniería social y pública de nuestro país, ya sea impartiendo nuestros conocimientos desde la esfera académica o bien a lo interno de las instituciones públicas, pero la realidad con la que nos encontramos la mayoría de las veces es que si no estas inscrito en un partido político, no importa los méritos que te respalden, tendrás que ver los toros desde la barrera y soportar con estupor como la mediocridad gana espacios y se erige en norma.

Por mi parte, creyendo en que en ocasiones una golondrina no necesariamente hace verano, pero puede incidir positivamente en él, tocaré todas las puertas que sean necesarias para que se visibilice la importancia de formar a nuestros funcionarios públicos y llamare la atención sobre la necesidad de darles acceso a programas continuos de formación profesional ( no solo desde el gobierno, sino además desde las instancias de educación superior) especialidades, maestrías, diplomados, como una forma de elevar su imagen, autoestima y valoración de sí mismos en aras de brindar el servicio de atención de calidad que requiere un país para situarse en el conglomerado de naciones del primer mundo y lograr el cambio de paradigma necesario para competir en base a los más altos estándares de excelencia.